Entrevistas

“El delito fractura la vida de una persona

en un antes y después”

Entrevista publicada en el blog de la Secretaría General de Acceso a Justicia y Derechos Humanos del Ministerio Público Fiscal de la CABA http://accesoajusticia-mpfcaba.blogspot.com.ar/2013/10/el-delito-fractura-la-vida-de-una.html

P1020197Hilda Marchiori no sólo es la fundadora del primer servicio de asistencia a la víctima de América Latina, sino también una eminencia en el plano teórico, autora de innumerables textos y libros fundamentales como “La Víctima del Delito”. En uno de los infinitos actos de generosidad que la caracterizan, aceptó responder por correo electrónico el siguiente cuestionario.

-Cuéntenos un poco sobre sus comienzos…
-En el año 1971 había finalizado la tesis de doctorado en la Universidad Nacional de Córdoba, dirigida por el Profesor Dr. Ricardo C. Núñez, un maestro del Derecho Penal Argentino que también fue mi director de investigación en el CONICET. La tesis estaba referida a “Las Circunstancias para la Individualización de las Penas”. Tenía un enfoque criminológico, con los años comprendí que también estaba centrada en aspectos fundamentales de la victimología. Núñez fue uno de los sabios maestros que tuve a lo largo de mi vida. También lo fueron el Dr. Alfonso Quiróz Cuarón, un gran criminólogo mexicano; el penitenciarista Dr. Antonio Sánchez Galindo y el Profesor John Dussich, criminólogo y victimólogo. Cabe señalar que en esa década la victimología latinoamericana carecía de estudios y de bibliografía especializada.

-¿En qué medida la criminología contribuyó a cambiar la mirada hacia las víctimas y a crear una disciplina especializada en la materia?
-Los estudios, observaciones e investigaciones criminológicas fueron esenciales en esta transformación. Entre estos aportes, se destacan los trabajos de Mendelsohn, Hans Von Hentig, Fattah, Emilio Viano, John Dussich, Irene Melup, nuestro Elías Neuman, Luis Rodriguez Manzanera, y de otros criminólogos. Todos tenían y tienen una formación criminológica. Los cambios y miradas hacia la victimas comienzan después de la Segunda Guerra Mundial. Algunos victimólogos relacionan este fenómeno con el Holocausto y las víctimas de la guerra; otros con el agotamiento de los estudios sobre el delincuente y la criminalidad y el ocultamiento de los procesos de victimización. No existían programas sobre ayuda y asistencia a la víctima. En nuestro país los comienzos -con enorme esfuerzo- se ubican a mediados de la década del ´80, con el Primer Centro de Asistencia a la Víctima del Delito, a nivel gubernamental, en Córdoba. Posteriormente se organizan los Congresos Internacionales de Victimología y las publicaciones de los trabajos clínicos y de investigaciones jurídicas y sociales. En el año 1989 se realiza la Primera Encuesta de Victimización, en el Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. El apoyo del Dr. Ricardo C. Núñez fue decisivo.

-¿En qué cambia el objeto de estudio y la producción intelectual de la victimología una vez que se recupera e institucionaliza en el país la democracia?
-Todos sabemos que cuando comienza el periodo democrático el país estaba devastado por las gravísimas violaciones a los Derechos Humanos que habían sufrido miles de ciudadanos; el país entero había vivido una de las dictaduras más crueles y perversas. Ciudadanos-presos políticos en las cárceles, ciudadanos desaparecidos, ciudadanos torturados, niños robados. La victimología se centró en los derechos de las víctimas de abuso de poder. Siempre comento en clase que Naciones Unidos ignoró a las víctimas, brindó su primer documento sobre víctimas recién en el año 1985, un documento clave e importante, “Los Principios de Justicia para las Víctimas del delito y Abuso del Poder”. Naciones Unidas elaboró este documento muy tarde, después de que la mayoría de los países latinoamericanos y otros países de otras regiones habían sufrido -por las dictaduras y gobiernos autoritarios- graves victimizaciones por abuso de poder. Por ello, Naciones Unidas no podía referirse en el documento sólo a las víctimas de delitos convencionales sino también de víctimas de abuso de poder.

-¿Cómo se adapta en la actualidad la victimología a una coyuntura en permanente transformación, que año tras año establece en la agenda nuevas prioridades?
-Todos los que trabajamos en estas delicadas y sumamente complejas situaciones existenciales vinculadas a la violencia sabemos que estamos muy atrasados en las respuestas preventivas. No se respeta ni se comprende las necesidades del ciudadano víctima. Baste señalar que la mayoría de nuestras universidades ignoran los estudios victimológicos y criminológicos. La carencia de programas y proyectos de prevención están asociados no solo al Poder Ejecutivo -con una acentuada precariedad al respecto- sino a las universidades tanto nacionales como privadas. No se capacita, no se informa, no se forma a los futuros profesionales del Derecho, de la Psicología, de la Medicina, de la Sociología, ni del Trabajo Social en la problemática de lo que significa la violencia para una persona, para una familia, para una región, para las instituciones, y para la estructura social y cultural. Las universidades del país son en gran parte responsables de esta situación de abandono en las respuestas sociales y constructivas vinculadas a la prevención con el fin de vivir en una sociedad de mayor respeto y solidaridad.P9210667

-¿Destaca alguna transformación durante los últimos años en la relación de la víctima con la administración de justicia? ¿Qué ítems considera ineludibles para una política pública de acceso a la Justicia efectiva?
-La criminalidad no es un fenómeno fijo sino que se transforma en la medida que se transforman las relaciones sociales. El delito romántico de hace algunos décadas, donde el ladrón robaba, con habilidad, la cartera o billetera ya es algo del pasado; ahora el ladrón roba, viola, mata. La víctima, de la misma manera, no es una víctima circunstancial es unavíctima elegida. La mayoría de las víctimas son víctimas vulnerables, no pueden percibir el peligro, no pueden defenderse ni solicitar ayuda. Actualmente el delincuente pertenece a un grupo, a una organización delictiva. Estamos cada día –no sólo en nuestro país sino en la mayoría de los países- frente al crimen organizado. Se advierte fácilmente que no estamos preparados para hacer frente al crimen organizado, no obstante los esfuerzos que se están llevando a cabo. Llegamos muy tarde en las respuestas institucionales, llegamos cuando están los muertos. Es decir llegamos en el después.

-¿Cual es en la actualidad la importancia de la víctima en el proceso penal y qué opinión le merece la experiencia de la Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires?
-La víctima sufre –frecuentemente- una revictimización de parte de la administración de justicia. La Justicia aún no ha comprendido que el ciudadano con la denuncia del hecho delictivo pone en funcionamiento la administración de Justicia. Pero la víctima no recibe la información respecto a su derecho al acceso a la justicia, sobre cómo trabaja el sistema penal en su región o por qué debe someterse a estudios y pericias, recibir verdaderas injurias, y a, durante el juicio, escuchar preguntas inaceptables que no tienen nada que ver con el delito. La Justicia autónoma de Buenos Aires está realizando un esfuerzo pero perdió muchos años valiosos. El ciudadano no cree en nuestra Justicia porque es lenta y absolutamente permisiva. Basta señalar algunos de los problemas más graves, como por ejemplo el juicio abreviado; ¿dónde están los derechos de la víctima? También existe el problema de la prescripción, el derecho a la reparación por el daño sufrido y a ser informado sobre la salida del delincuente, etc., etc.

-En el caso de la Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la asistencia psicológica acompaña el proceso penal mediante la realización de entrevistas y del seguimiento, a partir de los cuales se confeccionan informes. ¿Cómo cree que debe adaptarse la escucha y la clínica a este contexto en particular?
-El delito fractura la vida de una persona en un antes y después, con graves consecuencias en su vida, por el agravamiento de los comportamientos de la criminalidad. El victimólogo debe respetar y acompañar la difícil tarea del acompañamiento, lo que es esencial para la recuperación de la víctima. Victima que ha sufrido un daño en su salud, en sus emociones, en lo social y cultural; daño que no ha podido impedir la estructura social y cultural. La tarea del victimólogo es asistencial frente a un problema existencial, aún dentro de la administración de Justicia. Los fiscales, jueces y todos los operadores del sistema de Justicia en general deben respetar tanto los derechos de los imputados como los de las víctimas. No se trata de un desequilibrio sino precisamente de un equilibrio de los derechos de ambos. Pero nos falta mucho para que se respeten los derechos de las víctimas. Claro que el personal de Justicia no ha recibido la formación por parte de nuestras universidades en estos temas (Derecho Penitenciario, criminología, victimología, sociología criminal, psicología, etc). Escuchar las preguntas que se formulan a las víctimas en una audiencia, en un juicio, provoca mucha tristeza.

-¿Qué estrategias considera que se deben implementar para proteger a la víctima del victimario durante la tramitación del proceso penal? Hay numerosos instrumentos que tratan de prever las probabilidades de nuevas victimizaciones. ¿Qué opinión le merecen?
-Las estrategias dependen, como ustedes saben, del tipo de delito, de sus características, de la relación autor-víctima, del lugar de la victimización, del daño y de las consecuencias sufridas. Y en especial de cuál es la estructura de apoyo familiar, social-económica-cultural que permita la recuperación de la víctima. En general se puede decir que la víctima continúa con el miedo al delincuente, al regreso, al acoso, a las amenazas -muchas veces desde la institución penitenciaria-. Se observa una alta reincidencia delincuencial porque no tenemos el personal suficiente y capacitado en los tratamientos penitenciarios y se carece de programas preventivos comunitarios en zonas de vulnerabilidad social. Con respecto al resguardo de la víctima la regla prioritaria es la rapidez en las respuestas institucionales para la seguridad de la víctima y de la familia. El imputado debe ser advertido de esto, no debe haber permisividad. Se trata no solo de una medida de protección y resguardo sino de varias estrategias conjuntas y simultáneas, por ejemplo, impedir que el golpeador –en los casos de violencia familiar- se acerque al domicilio de la víctima. La exclusión del hogar como una sola medida no es suficiente, es necesario un conjunto de medidas para evitar un posible homicidio. En las estrategias se puede observar si hay equipo, si no hay ingenuidad en las respuestas y si realmente se protege a las víctimas.

-¿Cuáles supone que son los indicadores que permiten relevar un proceso de revictimización? ¿Resulta necesario en este contexto estructurar la entrevista? ¿Es factible prever la revictimización en cada caso concreto?
-El indicador más claro de un proceso de revictimización es que la víctima no puede hablar, no confía, lo que acentúa el miedo y la desconfianza hacia las instituciones. La tarea victimológica implica esencialmente un gran respeto a la persona del ciudadano víctima. Es nuestra responsabilidad respetar al ciudadano y brindarle las respuestas y medidas institucionales para superar la situación existencial que le ha provocado el delito. El personal tiene que tener una alta capacitación para atender a las víctimas, en especial a víctimas altamente vulnerables.

-En los casos de violencia doméstica, ¿considera que es conveniente una mediación entre víctima y victimario?
-La relación en la violencia familiar-conyugal implica una paradoja, ya que son dos personas que se han elegido para vivir juntas, para formar una familia. Es una historia compleja y difícil, las verdaderas víctimas son los niños, los hijos que están atrapados en ese círculo reiterativo de violencia. A mi modesto criterio es importante trabajar con ellos su responsabilidad como padres. Un dialogo de responsabilidad. La mediación es algo distinto a esto. No creo conveniente la mediación en la violencia familiar-conyugal. No es por descartar la mediación como medio alternativo, sino que cuando se llega al conocimiento de la violencia familiar ha pasado un tiempo muy prolongado desde el inicio de esta conflictiva. Siempre, al parecer llegamos tarde, a nivel institucional. ¿Qué mediar y cómo mediar cuando han habido puñaladas, amenazas, humillaciones de ambos lados?

-La perspectiva de género considera como una acción determinante el empoderamiento de la víctima. ¿Podría definir este término? ¿De qué manera se concilia este concepto de empoderamiento con el de resiliencia?
-Las estrategias, teorías, programas para asistir a las víctimas deben ser contempladas en una mirada amplia y sin sectarismo. Lo importante es tener en nuestra sociedad y cultura menos muertos, menos heridos, menos personas amenazadas; que exista más respeto, libertad y solidaridad. La perspectiva de género es un enfoque valioso y lucha para erradicar los homicidios-femicidios pero no abarca toda la complejidad de una relación afectiva-cultural. No podemos, a mi criterio, a través de un enfoque reduccionista explicar la violencia por el término empoderamiento o la superación de una situación post-traumática por el término de resiliencia. Existen muchos términos muy significativos en el vocabulario victimológico: vulnerabilidad, devastación, indefensión aprehendida, impunidad, situación irreversible, silencio, etc. El delito es aún un misterio en la vida de las personas y de los pueblos. No sabemos -no obstante los progresos científicos- por qué en un momento determinado de la vida una persona mata a otra, como diría Jean Pinatel, el porqué “del paso al acto”. En nuestro equipo de victimólogos había psicólogos con diversos enfoques -y qué bueno es esto-, había psicoanalistas que seguían a Freud, M. Klein, Lacan, sistémicos; había enfoques de todos las teorías psicológicas. Lo mismo ocurría con los abogados, que tenían distintos enfoques del Derecho Procesal Penal y del Derecho Penal. Pero todo se simplificaba con una pregunta básica para comenzar las estrategias asistenciales: ¿cómo ayudamos a esta víctima y a esta familia en el aquí y ahora?

-¿Qué reflexión le merece la estandarización de medidores del riesgo? ¿Qué estrategias debe tener presente el profesional para una evaluación eficiente pero que a su vez contemple las particularidades de cada caso?
-Tanto en Europa como en Estados Unidos están trabajando en las pruebas y estandarizaciones de medidores de riesgo. Algunos de estos protocolos tienen como objetivo la medición del tiempo que el individuo, que cumple una sentencia, reincidirá en su comportamiento delictivo. Se habla de años, meses y días. Históricamente las teorías criminológicas han tratado de controlar la criminalidad a través de la medición de la peligrosidad, del medio familiar, social, etc. Son instrumento, que intentan prever el comportamiento humano. Creo más en la ayuda, asistencia o tratamiento desde un enfoque humanístico para evitar la reincidencia. El profesional debería estar atento a todos los aspectos de la historia de una persona que ha llegado a dañar a otra, y tener siempre una mirada amplia y de respeto, pero no ingenua. Por ejemplo, en los delitos contra la integridad sexual la reincidencia específica es muy alta; esto implica un fracaso en el tratamiento penitenciario y el fracaso del propio delincuente en su mirada social, y este fracaso institucional, familiar e individual que implica la reincidencia delictiva, lo sufren las nuevas víctimas.

-¿Qué recursos deben tenerse en consideración a la hora de realizar un seguimiento efectivo para evaluar el daño psicológico, proteger a las víctimas y evitar la revictimización?
-Es una pregunta amplísima. El acompañamiento –el contacto y la comunicación con el ciudadano víctima- se debe realizar en todos los casos a través de llamadas telefónicas, notas, e-mail, etc. En otros casos un acompañamiento más personalizado y asistencia jurídica, laboral, educativa, y social. El acompañamiento que ustedes llaman seguimiento, es en sí mismo una gran medida de protección y de resguardo a la víctima y a su familia. Son términos distintos y que pueden llevar a la confusión de los criterios asistenciales: acompañar es estar al lado de la víctima, apoyando una reconstrucción existencial, distinto a seguimiento, que implica control. La víctima se da cuenta inmediatamente de estas diferencias hacia ella.
Finalmente al agradecer las interesantes y significativas preguntas sobre los procesos de victimización y las respuestas institucionales, cabe reiterar que es necesario fortalecer y apoyar a los equipos que trabajan en la problemática victimológica. Proteger a los equipos para que puedan a su vez ayudar y proteger a las víctimas. Tener como objetivo el ideal de un mundo sin violencia, sin impunidad. Por un mundo de respeto y credibilidad.